jueves, 9 de junio de 2016

Neuronas y nervios

Fue a finales del año pasado. Observando como se extendía ad infinitum el ciclo II/15, publiqué un comentario en una red social. El aluvión de respuestas que recibí me dejó sorprendido. La mayoría provenía de exalumnos que ya no tenían las ataduras que impone el miedo. Con la libertad de quien ya no tiene que rendir cuentas a nadie reflexionaron sobre sus propias experiencias. Uno de los comentarios se me quedó metido en la cabeza. Lo realizaba uno de nuestros mejores estudiantes que ahora mismo acaba de terminar un doctorado en Suecia: "Salir [graduado] de la EIE sigue siendo un asunto de nervios más que de neuronas."


Hacia finales del mes de enero, del siguiente año, cuando el ciclo de 16 semanas se había extendido ya a la semana 25 publiqué otro comentario en la misma  red social. El número de respuestas fue aún mayor. De igual manera quienes opinaban eran nuestros graduados. Casi todos coincidían que la pobre o ninguna organización de las actividades académicas tiene un impacto negativo muy grande en el rendimiento del estudiante. Tal como lo dijo nuestro exalumno, acabar una carrera se vuelve una cuestión de nervios y no tanto de neuronas.

sábado, 4 de junio de 2016

Encarando la adversidad (II)

Esta semana platicábamos uno de mis estudiantes y yo sobre su experiencia como estudiante de la FIA. Con mucha reflexión, me explicó como fue su recorrido por nuestro envejecido plan de estudio. Me llamó la atención cuando dijo que le llevó 5 años superar el área básica.  Un lustro estudiando matemática y física suena desproporcionado, aquí en El Salvador y en cualquier otro sitio. Luego, ha tenido que pasar otro lustro para acabar la carrera. En suma, una década para obtener el grado profesional que lo acreditará como ingeniero.


El caso del citado joven, parecería el caso de alguien que se tomó de manera relajada sus estudios. Que vino a la facultad  a vivir la vida alegre y que dedicó la mayor parte de su tiempo al ocio. Nada más alejado de la realidad. Su caso es el caso del estudiante normal, que quiere aprender, que se acuesta y se levanta pensando en su carrera, que cada vez que se realiza una actividad extracurricular se apunta y participa. Que vive cada día para culminar su sueño: tener una profesión y una vida digna.

Analizando los números de los jóvenes que entraron junto con él, vemos lo siguiente: Los mejores de su promoción apenas se graduaron hace dos años (2014), Solo 14 han obtenido el título (de 98 que entraron en San Salvador, 32 en Santa Ana y 12 en San Miguel). En resumen este estudiante está en el "top ten". Dentro del diez por cierto que obtendrá su título en menos de una década. ¿No parece evidente que hay problemas con nuestros planes de estudio y con nuestras instituciones? Estudiantes de tiempo completo que navegan el área básica cursando una o dos materias al año debido a, entre otras cosas, la rigidez de nuestros planes de estudio.  


jueves, 2 de junio de 2016

Encarando la adversidad (I)

Esta semana organizamos una charla para nuestros estudiantes de cuarto año. Como expositor tuvimos a uno de nuestros ex-alumnos más brillantes. A manera de introducción nos contó como surgió su interés por estudiar fenómenos que competen al campo de la bio-electricidad. Brevemente, a su manera, describió que su interés nació de la casualidad. Durante seis ciclos había encadenado una envidiable sucesión de éxitos académicos. Su expediente estaba inmaculado. Él y media docena más de compañeros encabezaban un selecto grupo que habían dejado muy atrás al pelotón de estudiantes que aún luchaba por mantenerse en la carrera. Pero, en el séptimo ciclo, una sucesión de variables, le condujo a reprobar su primera asignatura.

Reprobar una asignatura para más del 95% de los estudiantes de esta facultad no es una gran tragedia. Es, diríamos, casi la norma. Por ello, al observar las caras de los estudiantes que escuchaban la introducción de nuestro conferenciante, noté que no producía asombro alguno. Sin embargo, para él aquello significó la pérdida de una recién concedida beca. Aquella beca pudo haber quitado presión económica a la familia que hacía enormes esfuerzos por mantenerle estudiando.  

Debido al sistema rígido de prerrequisitos que caracterizan nuestros planes de estudios, suele darse la situación de que estudiantes de tiempo completo que tienen algún traspié se encuentran en la situación de casi  no poder inscribir asignaturas. Sin embargo, desde hace algunos años a esta parte, a solicitud mía, se introdujo la posibilidad de poder cursar asignaturas de libre elección teniendo como único prerrequisito un número limitado de unidades valorativas. Y fue aquí donde la historia de nuestro conferenciante y la mía se entrecruzaron. 

Llevando seis asignaturas durante su décimo ciclo pudo haber egresado en su tiempo. Pero nuevamente se le puso otro obstáculo. La administración, la burocracia no le dejó. Esto a pesar de que no pedía nada gratis. Solo quiso la oportunidad de probar que hay estudiantes que luchan, que no se amilanan, que están hechos de buena madera, que quieren terminar cuanto antes sus estudios y que quieren pasar a formar parte de la economía que mueve a este país.

sábado, 28 de mayo de 2016

Becas, becarios y sueños no cumplidos (II)

Su nombre era Juan José. Era un chico introvertido. Le conocí cuando era alumno de cuarto año. Creo que pasaba por un mal momento en sus estudios. Tenía atragantada una de las electrónicas y esa situación le descompensó todo su programa de estudios. Era exalumno del programa jóvenes talento. Casi al mismo tiempo, conocí a otros dos exalumnos de ese programa que habían empezado sus estudios en la FIA pero, al sentir que no progresaban, tomaron la decisión de cambiarse de carrera. También, por esas fechas, teníamos a una estudiante, exalumna del mismo programa, que decidió cambiarse de carrera.

Recientemente me enteré que Juan José era originario de Corinto, Morazán.  Tenía concedida una "Beca Excelencia", con fondos provenientes de la privatización de ANTEL. Y que nunca acabó sus estudios de ingeniería eléctrica. Por el contrario, otros jóvenes que consiguieron la misma beca, pero que escogieron como destino universidades extranjeras, concluyeron satisfactoriamente sus estudios. 

¿Cómo es eso que estudiantes con el mismo perfil académico, receptores de un mismo tipo de beca, triunfan en el extranjero, pero fracasan en nuestra universidad? La respuesta a esta interrogante la han estudiado muchos educadores y científicos sociales. Resulta que, para un mismo perfil de estudiante, una mala institución tiene altas probabilidades de conducirle al fracaso. Por el contrario una buena institución, tiene mejores probabilidades de conducirle al éxito. 

Muy probablemente, Juan José hubiese acabado su carrera en el MIT, en Stanford o en el CalTech. Pero, un chicho de Corinto quizá nunca creyó que tenía que irse al extranjero para poder triunfar. Su red de contactos era muy limitada, quizá, incluso, unos padres humildes con poco acceso a información, poco o nada podían hacer para orientarlo.

Becas, becarios y sueños no cumplidos (I).

No puedo recordar con precisión el año. Supongo que habrá sido 1995 o 1996. Me encontraba dentro del desvencijado edificio administrativo de la FIA. Estaba apoyando el proceso de inscripción de asignaturas. Del otro lado, afuera, al sol, había una interminable fila de estudiantes. Todos intentaban inscribir. Todos tenían que presentar la misma documentación. Sin embargo, la monotonía de aquel proceso la interrumpió un estudiante diferente. Aparentaba una edad superior al promedio. Dentro de la documentación que lleva encima había una que lo acreditaba como receptor de una beca. Era una beca de desmovilizado de guerra. Era un excombatiente del FMLN. Iba de manga larga, se notaba que intentaba disimular la falta de uno de sus brazos. Intercambiamos algunas pocas palabras y continué con mi rutina. 

Fotografía del edificio administrativo, FIA 1995.

Me quedé pensando en aquél hombre y sus sueños de ser ingeniero o arquitecto. Para ser sincero, no le di muchas posibilidades de poder progresar en un sistema educativo como el de la FIA. Y así fue, ya no volví a verle más.  

Tal como veo que funcionan los pocos programas de becas en El Salvador, es evidente el desinterés por darle seguimiento al desempeño del becario. Los programas de becas, de alguna manera, son programas de inversión en capital humano. Con factor de riesgo incluido. Minimizar el riesgo de que fracase el becario es una tarea que no debe de ignorarse. De lo contrario mucho de ese capital se irá a fondo perdido.  El becario, al igual que todos los jóvenes que van a estudiar o se encuentra estudiando una carrera, requiere de asesoría. Con ello se facilitaría el proceso que le conduciría a finalizar sus estudios con éxito.

Nunca sabré cual fue el destino de aquel excombatiente. Lo que si sé es que poco o nada pudimos hacer por ayudarle a convertir en realidad su sueño.

jueves, 26 de mayo de 2016

Higiene en el trabajo (II)

Como una forma de enriquecer el contenido de una de las asignaturas que imparto, invitamos a nuestra clase a un ingeniero salvadoreño radicado en Estados Unidos. En El Salvador, este colega fundó varias empresas. Una de ellas le produjo mucho éxito. Luego, el destino le condujo a radicarse en nuestro vecino del norte. Ahí ha logrado hacer carrera en la empresa Motorola Solutions. Invitar a profesionales para que intercambien experiencias con nuestros estudiantes es muy importante. Las experiencias que han vivido estas personas sirven de motivación para que los jóvenes vean las posibilidades que tienen para sus vidas, una vez hayan acabado sus estudios.


A veces, la rutina diaria hace que se ignore la falta de limpieza que caracteriza las aulas de la FIA. Pero, teniendo un invitado de fuera era imposible no ver el entorno con los ojos del visitante. Nada más subir a la segunda planta del edificio de la biblioteca llamaba la atención como la basura se salía de un par de atiborrados basureros y se esparcía, como corriente de agua, hasta salir por la puerta. La escena era muy vergonzosa. La zona de estudio donde se forman las nuevas generaciones de ingenieros y de arquitectos estaba convertida en un promontorio de basura.

Esta semana oí nuevamente la cantinela: la culpa es del estudiante que no cuida el patrimonio universitario. La persona que dijo eso era un alto funcionario dentro de la burocracia de la facultad. Y fue más allá diciendo que el joven tiene una actitud destructiva. Para dejar firme su posición comparó al estudiante con el hooligan que frecuentan el estadio de fútbol a hacer desorden y a destruir. Ese es el discurso al que se recurre cada vez que se señala una carencia básica: la falta de higiene en lugar de trabajo o de estudio.


sábado, 21 de mayo de 2016

Primer empleo (III). Timadores profesionales.

Fue el año pasado que, durante la cena de navidad de la directiva de mi gremio profesional, oí algo que me transportó a recordar dos historias similares, la primera de unos meses atrás y la otra acaecida hacía ya una década. Frente a mi, tenía a un joven ingeniero, recién graduado de la UCA. A mi lado tenía a dos de sus profesores. Uno de ellos preguntó al joven ¿Dónde estaba trabajando? él respondió con el nombre de una empresa de la cual yo conozco a su dueño. Rápidamente, ambos profesores intercambiaron miradas de complicidad. Uno de ellos, con mordacidad, le espetó al joven la pregunta: ¿Ya te pagó? Inmediatamente, caí en la cuenta de la reputación que tiene creada ese empresario: una donde estafa a todos los profesionales jóvenes que ingenuamente caen en sus garras.


Pero, de este timador profesional ya había oído dos historias similares que concernían a dos de nuestros graduados.  Hacia mitad del año pasado, uno de nuestros mejores estudiantes trabajó para este señor durante tres meses sin recibir paga. Cuando hablé con el estudiante, acababa de dejar esa empresa. Se encontraba confundido. Era su primer empleo como profesional. Se encontraba en la fase de no querer admitir que le habían robado. Que había sido víctima de una estafa.

La otra historia, la que se remonta una década atrás, toca una vena más personal. Era una persona muy cercana la que fue víctima de este estafador. Fue la primera vez que oí hablar de él y de su empresa. Indagué un poco sobre quién era y me sorprendió un poco: presidente de una gremial y directivo de otra. Luego, muchos años más tarde, tuve la oportunidad de hablar con él. Me ofreció su tarjeta y la oportunidad de desarrollar proyectos con él. Acepté su tarjeta y nada más.